Sé que en muchos hogares hay pequeños tesoros guardados: retales de oro, trozos de piezas antiguas o restos de joyas que ya no tienen uso. A menudo, mis clientes llegan al taller con estos pequeños fragmentos buscando darles un sentido nuevo. Mi trabajo consiste en honrarlos; no importa lo pequeños que sean, siempre busco que tengan un papel relevante en la nueva creación.
El arte de la integración: Del cajón a la luz.
En esta ocasión, recibí unos restos de oro que fundí para crear dos gotas únicas, destinadas a ser el alma de unos nuevos pendientes. El proceso, como siempre, comenzó con un boceto que compartí con el cliente, asegurándome de que la idea capturara perfectamente lo que buscaba.
Una vez aprobado, construí la estructura principal en plata. Diseñé una base cóncava, a modo de pequeña cucharita pulida, sobre la cual coloqué un citrino en talla briolette. Gracias a esta base, la luz que atraviesa la piedra se refleja en la plata pulida, iluminándose y potenciando su color natural. Para rematar, incorporé las gotas de oro fundido en la parte inferior, potenciando este efecto.
Para dar equilibrio y profundidad, combiné el brillo intenso del pulido a espejo con zonas de plata envejecida, logrando que el metal oscuro resalte la calidez del oro y la chispa del citrino. El resultado es una pieza original y sofisticada, donde cada elemento cuenta una historia de transformación.






